"Soy un vampiro, y tras años y años de experiencia aprendí a soportar la luz del sol, los ajos, y las estacas en el corazón."

~Jack Red

22 febrero 2014

Acordes y lejanías

Lucho contra imposibles en este duelo de confianzas,
acallando osadías y apagando deseos como velas,
y me da ventaja, la muy idiota,
para errar mis atentados emocionales,
para fallar poesías como estocadas,
para que pueda creer en la lejana victoria,
lo hace,
aún sabiendo que recorreré cada margen pisando la línea,
que acariciaré cada frontera que imponga,
que limaré los barrotes de cada celda en la que se encierre,
y lo sabe,
y se arriesga,
a cargar con un nuevo dolor y miedo, a perder el norte, a explorar las cunetas,
me da permiso para entender sus desastres,
y hacer con ellos medallas de humo que regalarle,
que se diluyen en el devenir de palabras juzgadas como mentiras,
que en sus retinas, por un momento, arden,
y que por insistente o despistada,
al final,
olvida.

He de decir que amo el peligro que me inspira
cuando me enfrento a su aguijón de rechazos,
sus garras de huida,
amo cada invitación al autoengaño, cada misterio, cada rareza,
cada dolor de cabeza,
cada sonrisa fingida,
me encanta sentirme en sus manos,
besar cada ausencia,
aun sabiendo que con un simple chasquido podría mandarme a la mierda,
podría deshacerse de mí cual cáscara,
romperme aun más si cabe, arrojarme a sus bestias-tristezas,
para que me devoren y me conviertan en un recuerdo olvidable,
en una cifra de fracasos,
en, de nuevo,
o quizá sin haber dejado de serlo,
un extraño.

A pesar de, o puede que por ello,
libaré de ese néctar de errores al que acostumbro,
recolectaré los sueños en los que aparezca,
y fingiré no querer abrazarla,
mucho más de lo que jamás sería capaz de reconocer.

19 febrero 2014

Belisama

No soy más que un mero espectador, un juez desprovisto de leyes,
un ciego, un loco, más que nada: nadie,
pero veo como una luz de ventana atardece junto a los sueños de alguien,
una persona que lucha cada día en tantas guerras 
que ya ha perdido el miedo por las heridas 
y abandonado los sueños por los vestidos.

Querría estar ahí cuando se abren sus ojos en la mañana 
y asumen de nuevo la lucha,
cuando se disfraza de armaduras y bosteza su arenga,
se guarda en un bolsillo el orgullo
y en el otro cierra el puño con esa fuerza que esconde para cuando alguien la mira,
deberías verla sostener sus armas de ternura en contra de la pereza,
blandiendo la música como si hubiese nacido para ella,
apretando los dientes de rabia
vertiendo hacia dentro sus lágrimas
mientras,
aún sin odiar las espadas
pelea
y gana.

Cómo no me va a temblar la voz 
y las piernas junto a ella...

Me duele tanto perder el rastro de su canción,
cuando tras el tedio inicia su silencioso llanto,
me deshago de puro dolor a sus pies 
y ella canta 
y canta 
y no puedo hacer otra cosa que herir de muerte mi corazón intentando consolar esos infiernos 
o apagar esas lástimas, 
calentar sus suspiros 
o abrazar sus palabras, 
como si su felicidad fuese lo único que mereciese la pena salvar de este condenado mundo
y sin embargo 
noto como se golpea y se rompe con cada pausa, 
con cada punto y cada coma 
hasta que de puro coraje se calza su última sonrisa de noche 
y baila conmigo una despedida no menos valiente,
como asegurando su firme regreso, como diciéndome:
"no pasa nada",
como el sol que arde en sus manos poniéndose tras el horizonte de sus sábanas,
cediéndole el turno a la luna de su triste silencio,
un merecido descanso, 
un día más,
un día menos.

18 febrero 2014

Paradojas

Hay días que hablo contigo y siento todo ese infierno con el que cargas,
suplicas al destino el descanso, y tu orgullo te impide mirar al frente,
mas no a tus pies,
tras los cuales se hayan los rastros de las migas de lo que en su día fuiste,
los que a cada paso se te desprenden como lágrimas,
mientras miras hacia atrás y a pesar de todo, caminas hacia delante.

Pero cómo conjugo este hastío de desiertos
con esas tus ganas de perderte en océanos.
Cómo se en qué momento dejo de rechazar la ficción
para inventar la verdad.

Cómo traduzco tu idioma de inseguridad y autoengaño,
a mi lengua de signos de sueños en los que te tengo.

Cómo,
mi vida, cómo,
despejo la incógnita del desengaño
con tus sonrisas como variables,
de qué manera, si cabe,
podría componerle un réquiem a este sentimiento,
con tus acordes forjando un imperio
entre mis cuatro paredes.

Si tan solo existiese manera alguna de derribar las fronteras,
de reconciliar tu prudencia y mi insensatez,
y pudieses amar equivocarte tanto como yo odio tener razón.
Si tan solo abriésemos las ventanas y cerrásemos los espejos,
y nos pidiésemos perdón de antemano
y nos diésemos gracias por las molestias,
dibujaría con goma bajo tu pecho una sonrisa,
para que luego,
con tus colores,
borrases de mis ojos la tristeza.

Your smile is a rifle

Siento un hueco dolor cuando veo morir día a día al calendario.

Le araño el amor a la noche como alimentándome de virutas,
como escarbando en el deseo para encontrar qué se yo ahí enterrado,
pongo a arder mis esperanzas para calentar las frías manos
que ciegas y rotas en el vacío te dibujan.

Despedazo cada una de mis memorias en busca de un buen mástil al que atarme,
para evitar naufragar de nuevo en las lágrimas,
y que tus palabras como sirenas vengan a prometerme la muerte,
colgándome del cuello la medalla de una nueva pérdida.

Un diablo de soledad viene a visitarme cada madrugada,
a ofrecerme una copa de congoja y derrota,
a veces me santigua en alcohol y me acaricia las nostalgias,
y tras ello se marcha, dejando a su paso el rastro de mis propias pisadas.

Me resquebrajo en cristales por dentro
cada vez que hago el torpe intento de negarte.

11 febrero 2014

Aguja en el pajar

Tras aquel error en potencia sobrevino una suerte de casualidad que resultó grata para ambos, puede que por aquello de querer tomar la iniciativa tantas veces sin éxito, por una avalancha de ganas y curiosidad —no solo suyas, nuestras, de todos—, o por haber forzado al destino a punta de pistola para que se manifestase. Quizá por ello fue que éstas dos personas decidieran, por una vez en su vida, abandonar la norma y volcarse en la suerte, un poco juego un poco en serio, vendiéndose a ese diablo de los amores imposibles del que tanto se habían esforzado en huir escondiéndose entre las lagrimas de otros ojos, entre el cabello de la desidia o tras los labios de un maniquí. Probablemente sea por eso mismo que estén ahora tan locos y ciegos pensando que han logrado desafiar a los ceños y a las preguntas, creyéndose vencedores del juego inventado de las sonrisas, y no se dan cuenta de lo verdaderamente solos que se encuentran tras la ilusión. ¿Se seguirán mirando a través del vidrio roto, o quizá lo rompan del todo y se enfrenten al irrefutable juicio de un futuro inclemente? ¿Lograrán su incierto propósito, o volverá la tristeza a inundarles los párpados y a secarles el corazón? Lo único que está realmente claro es que aún es demasiado pronto para adelantar acontecimientos, y la suerte, como ellos bien saben, solo sonríe a los que la olvidan.

3/2/14

05 febrero 2014

Alétheia

Hay una persona ahí fuera,
capaz de coger sus rutinas y hacer con ellas sonrisas.

Me gustaría verla volar sobre todas las tristezas que la acechan, como el ángel que sé que es,
ver cómo vuelve a darle la vuelta al tablero para mostrar todas sus bazas, 
y que de nuevo me deje elegir con cuál echarla infinitamente de menos.

Oír de nuevo su presencia para ver el calor de sus palabras, 
que vuelva cada noche a calentar mi corazón desde su cama,
a escuchar las tonterías con las que creo animarla, a inventar teatros,
a callar silencios con los dedos,
a pretender desconocernos.

Finjo que existo bastante poco para no desbordarme en intentos,
porque sé que el orgullo es su escudo, y no lo rompe la fuerza,
sino el afecto,
finjo que no me rasco como un niño las ausencias
para no desencadenar un delirio,
para que paso a paso pierda el miedo a mis lluvias,
y pueda yo bañarme en sus ríos.

Quizá cometo un fiero error al hacer malabares con sus inseguridades,
o puede que me esté ganando a fuerza de estupidez el destierro,
al jugar a ser un fragmento de su vida fuera del rompecabezas
cuando solo soy un ruido en un rincón de su espejo negro.

Sin embargo, aunque ni siquiera el tiempo esté a favor de esta insignificante cruzada,
voy a lanzarme de nuevo a la cama de sus rizos,
a dejarme atrapar por sus lejanos 
labios que susurran vida en cada media luna que dibujan
y abandonarme a la estática búsqueda de su mirada 
en un sueño que
por más que lo amarre
siento que se me escapa.