ojalá sea pronto.
~Jack Red
19 mayo 2013
Página nº 10 del cuaderno de Pablo
ojalá sea pronto.
16 julio 2012
Sol y réquiem
Cuando todos hubieron terminado, me senté un rato en el banco de la calle... y volví con mamá y papá.
01 junio 2010
La chica de la habitación de al lado
"Mire a donde mire, solo veo mujeres luchando.
[...]
Y ellas mientras, sosteniendo los remos, siguen sin odiar las galeras, y reman."
~Escandar Algeet
05 mayo 2010
No basta. (Final de un cacahuete)
pero últimamente tengo días tontos, en los que pienso
que a lo mejor el tonto soy yo, haciendo como que no pasa nada, día tras día, y pasa,
que estoy hasta los cojones de estar harto de días que ahora mismo no le desearía a ningún perro.
Siento que no avanzo, o peor,
que llevo sin avanzar tanto tiempo...
sigue siendo todo tan confuso...
Y ya no sé, me limito a responder "da igual" a todo, y lo peor, es que aún creo que no tengo motivos suficientes para estar así, es lo peor: Estar tan cansado por razones estúpidas.
quince minutos que se convierten en cuatro horas de descanso inmerecido. Fatal.
que no me queda más remedio que citar,
siempre por encima de todo lo que escriba, y después leerme y decir "puta mierda".
No soy capaz de hacerlo bonito.
Toque lo que toque me suena a motivo para dejar de tocar. Es asqueroso.
que ni siquiera pueda sentirme cómodo ni en el lugar que yo considero mi hogar. Estar obligado
a arroparme y a deshacer sólo la cama,
a ver cómo mi ropa se amontona y hace que ésto parezca la casa de un cerdo, y no tener ganas ni de limpiar.
Me voy a dormir, sólo,
me levanto, sólo,
veo a mucha gente, pero estoy sólo, y éso también lo odio.
No avanzo, ni un milímetro.
Ya sólo quedan dos meses, te digo, y por lo visto, serán dos malos meses.
Todos los años igual, qué asco.
y lo paso mal, en el rato entre que me acuesto y me duermo.
Con miedo a dejar de respirar en cualquier momento, y la ansiedad aparece, me incorporo entre sudores y una fuerte respiración, mareos, taquicardias, varias veces antes de soñar.
Fíjate si es grave, que he de tranquilizarme tomándome el pulso constantemente, para asegurarme de no dejar de latir.
es darme cada vez más cuenta de que en realidad te importo nada, o menos,
darme cuenta de que a pesar de lo que sabes de mí, y de todo lo que te he contado,
de tantos momentos que cada vez son menos, y de tanta mentira sobre mentira para sentirnos bien con nosotros mismos, no sientes nada. Absolutamente nada.
y si de verdad para ti no soy nada, dímelo y acabamos antes, y deja de mirarme de ése modo, de abrazarme cuando no quieres y de invitarme a que te quiera. No llego a imaginarme cuán es tu confusión.
que no eres el único motivo por el que estoy tan cabreado,
pero sí el más grande.
mejor no abras la boca.
04 mayo 2010
Colección de recuerdos y notas a pié de página
II - "A Ustedes" (Día 2 en París)
"Le debo dinero a mi psicólogo, que lo apunte en tu cuenta." ~Isusko
A ustedes que se conforman con saber más que con entender, que lo conocen todo excepto lo que de verdad importa. Ustedes que responden sin balbuceo ni duda alguna, sin confusión, seguros de si mismos y confiados, a cualquier pregunta, a cualquier cuestión, sabiendo que su respuesta es la correcta, obcecados en que es la única, la válida, no hay otra, porque está basada en sus vastos conocimientos sobre vastísimos temas, y creen llevar la razón en todo, no escuchan, como máquinas, seres ideales y políticamente correctos, ustedes que se consideran tan inteligentes, rezen por no estrellarse en su estúpida carrera por ser los más interesantes.
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Página nº 7 del cuaderno de Pablo
“…Papá siempre me decía lo mismo: “Hijo, ojalá tuvieses los huevos de tu padre”. Me llamaba muchas cosas como cobardica, llorón, gallina, niñato, y muchas más palabras feas. Me lo repetía una y otra vez, y aunque intentaba sobreponerme, los capullos de mi cole siempre me cogían a la salida y me daban una paliza sin razón alguna. Luego llegaba a casa con la nariz y el labio rotos, y moratones, una vez me rompieron una costilla. Entonces papá se enfadaba y me gritaba cosas sobre el valor y la fuerza, durante muchísimo rato, a veces parecía que me iba a pegar, le notaba conteniéndose, y como no se atrevía, escupía en el suelo. ¿Eso no es ser un cobarde? Mi mamá le gritaba y le suplicaba que me dejase tranquilo. En realidad yo estaba tranquilo, cuando alguien te recuerda día tras día lo sumamente mierda que eres, te acabas acostumbrando. A veces papá pegaba a mamá en vez de a mí, eso sí me asustaba, prefería que me pegara a mí. Luego se iba diciendo ésa frase: “Ojalá tuvieses los huevos de tu padre”.
Así que un día lo hice. Iba a tener los huevos de mi padre, los iba a tener. Vaya que si los iba a tener. Me levanté antes que ellos, y fui hasta la cocina. Tuve que subirme en un taburete para alcanzar el gigantesco cuchillo con el que mamá hacía la comida, pero cuando volví al suelo con el cuchillo en la mano, me sentí poderoso, sentí que era fuerte, como papá, que tenía huevos. Pero aún así no abandoné mi plan, entré sin hacer ruido en la habitación de papá y mamá, y los encontré desnudos y destapados. Nunca había visto a mi mamá desnuda. Sentí vergüenza. Me armé de valor y me coloqué junto a mi papá, reconozco que tenía un poco de miedo. Sin pensarlo dos veces, clavé el enorme cuchillo en su entrepierna, y al instante se sacudió y gritó como un cerdo. Ese grito hizo que me pitasen los oídos. Mamá se despertó sobresaltada, puso los ojos en blanco, y volvió a dormir. Creo que tiene el sueño más profundo del mundo. Papá intentó levantarse, pero el dolor le precipitó contra el suelo. Dejó caer un trozo de carne sangrante, pero por lo visto sentía demasiado dolor como para abrir los ojos y verlo. Eso me hizo gracia.
Me dirigí hacia él, tome en mis manos la bolsa escrotal que se había desparramado por el suelo, me la llevé a mi habitación, y la metí en una cajita blanca que me regaló mamá por mi cumpleaños. Sonreí, por fin tenía los huevos de mi padre…”
¿Estoy loco?
Está bien, recapitulemos. Se ha dicho ya que todos los seres humanos somos irracionales en parte, lo que nos lleva a todos a cometer algún que otro acto irracional, cosa que en éste texto llamaremos: "Locura." Como todos habréis concluido ya a estas alturas del párrafo, yo me considero dentro de ésa categoría, la de "Ser Humano", y por lo tanto yo también cometo alguna que otra locura.
Pero a ver, mis damas y mis caballeros, distingamos. ¿Cuál es el límite entre estar loco, y cometer locuras? ¿Cuándo se dejan de cometer locuras para pasarse a ser un loco? Quizá, señores, el límite lo pongamos nosotros, y quizá, en el fondo, nadie esté loco, o todos lo estemos. Para averiguar si uno está loco o no, se recurre a un sencillo método de comparación que consiste en hablar de dichas locuras con otras personas, con la esperanza y la fe de que a dichas personas les interese lo suficiente como para hablar de las suyas, y así, poco a poco, establecer una normalidad entre lo que se considera "cometer locuras", y "estar loco".
En mi caso, por ejemplo, les contaré: Una vez me declaré a una chica el mismo día que la conocí. Un día le rompí la nariz a mi mejor amigo. Yo de vez en cuando suelo sacar músculo frente al espejo, y meter tripa, y alguna que otra vez me lavé el pelo bajo el grifo. Yo alguna vez me eché perfume en la boca, e hice un lanzallamas con un desodorante y un mechero. Y me he caído borracho, y me he pegado solo alguna vez, y he insultado a mi padre, y a mi madre, y les he robado dinero. Soy de los que dicen: "¡Voy!" y te llaman cinco minutos antes con alguna excusa barata para no aparecer. Y he dado paseos a las cuatro de la mañana. Y he mirado durante horas al cielo, y he estado más de cinco minutos sin pestañear. Yo leía libros en voz alta cuando estaba solo, y hacía muecas en el espejo del ascensor, y he dormido de día, y vivido de noche. Yo interpreto mis sueños, y tuve pensamientos suicidas, y dudas sobre mi sexualidad. Yo también me he tirado pedos en clase, y reventado espinillas, y mordido la lengua. He pecado, y alguna vez he creido en Dios, y en Papá Nöel, y en los Reyes, y el ratoncito Pérez.... Y he estado a punto de morir, y de ser padre, y de ser pobre. He pegado a mujeres, he hecho enfadar a mujeres, he hecho llorar a mujeres, he roto el corazón de mujeres, he hecho callar a hombres y también me he enamorado. Y yo también salía a la calle en busca de ella, sin saber su nombre, ni donde vivía, vagando sin rumbo con la esperanza de cruzármela, y me paso horas y horas esperando ésa llamada o mensaje, o simple palabra suya, que nunca llega. Yo también cedí por ellas, y cambié por ellas, me fui con ellas, y también las perdí. También he tocado la guitarra hasta hacer sangrar mis dedos, y he fumado hasta la arcada, hasta el vómito, y he bebido porque estaba de bajón. Y he compuesto canciones para chicas, y escrito cartas a chicas. Me he comprado libros que nunca he leído. He escupido desde balcones, y me lié con la amiga de mi ex-novia una semana antes de salir con ella. Me he peleado, he suspendido exámenes, he sido infiel, he tomado drogas, he bebido alcohol estando sólo en mi habitación, he salido de fiesta toda la noche, he visto amanecer, he dado puñetazos a una pared hasta hacerme sangrar, de rabia. He traicionado a amigos, he perdido amigos, he pegado a hermanos, y he pintado con tiza en las paredes, me he obsesionado, y alguna que otra vez grité contra la almohada. Me he enganchado a juegos online, he escrito, he dado conciertos, he tenido un diario. Me he olvidado de mi cumpleaños, del de mi madre, del de mi padre, del de mi hermano. Y también esperé, y esperé, sentado y no llegabas. Y a veces espero, y nada...
Diría infinidad de ellas, la verdad es que he cometido muchas locuras, pero aún no acabo de determinarlo. Quizá cuando sea capaz de compararme con alguien pueda establecer el límite antes mencionado. Así que díganme: ¿Estoy loco?
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Diario nocturno de un espejo torcido (¿Nochario?)
Pues aquí me tienes, sentado sobre mi cama, con el ordenador en mi regazo, luces apagadas. El cuarto está iluminado únicamente por dos velas a las que no le quedan apenas tres días de vida (Me hace inusual gracia el paralelismo entre el objeto iluminante y mi situación actual, dígase de otro modo: "A dos velas"), una lámpara de lava que iluminar lo que se dice iluminar no ilumina nada, y la propia pantalla del portátil, sobre la que la única queja que tengo es que terminará por dejarme ciego del todo.
Pero los aspectos visuales, los detalles que se perciben a través de la vista no han sido descritos del todo. También cabe decir que algo sí puedo ver en esta, por llamarlo de algún modo, oscuridad. Veo los pilotos rojo y verde de mi televisión y mi consola, respectivamente, allá al fondo del cuarto. Se ven tan lejanos desde aquí. Puedo ver con nitidez algunos objetos, todos iluminados levemente por la luz cálida y dorada que emana mi rincón, como mi cuaderno negro, del que cada día estoy más seguro que se está convirtiendo en un instrumento de auto-tortura. He intentado volver a leerlo, pero a partir de una página en concreto, cada palabra me tiñe el corazón de un color oscuro, azulado, que suelo asociar con la tristeza. Veo una guitarra guardada en su funda, pero al igual que el cuaderno, sólo me llena de recuerdos fríos y afilados. Veo mi mesita, llena de objetos completamente inútiles, y todos los días me juro y me perjuro que la limpiaré y ordenaré, y nunca lo hago. Botellas, vasos, paquetes de tabaco, monedas, un muelle, trozos de papel, un coletero, una chapa de acero grabada, el móvil, el pincho... Todos ellos bailando embriagados al son del borboteo de mi lámpara de lava, que corona el centro de la mesita, la cual cada vez que la miro me recuerda al día que la compré, a aquel día en el que. . . La última cosa que veo es el espejo, allí abandonado, allí solo, clavado a la pared, y torcido. Siempre torcido, burlesco, como si se riese de mí, de mi imagen, de todo lo que consigue reflejar. Bastardo. Me dejaré embriagar esta vez por los sonidos, pero éso será meterme con los detalles acústicos de la situación, los que se perciben con el oído.
Dichos detalles no son muchos, tan solo logro oír cómo teclean mis dedos, y cuando paro de teclear, puedo oír el trasfondo de la escena, formado por un sórdido ruido de ventilador, algún coche pasando por la calle, o alguna señorita borracha perdida que profiere gritos incomprensibles, y muy de vez en cuando, el crepitar de las velas encendidas. Si me concentro un poco, puedo oírme latir, pero no puedo entretenerme con éstas tonterías. Y si me concentro un poco más, me puedo oír pensar, y oigo tu voz en algunos de mis recuerdos, y me recuerdas a aquella historia sobre tres enanitos que. . . Así que ésos son los únicos sonidos que actúan en la escena más solitaria de esta obra teatral que es mi vida, escrita por mí, dirigida por mí, protagonizada por mí, y para un único espectador que soy yo. Pero antes de ponerme a divagar sobre la soledad, pasaré a explicar los detalles olfativos de la situación, ésos que se perciben a través del olfato.
Los olores que percibo son diversos y sutiles, me cuesta distinguirlos, pero lo intentaré. Se respira un tenue olor a cera quemada, mezclado con el característico olor propio, olor a hogar, a seguridad, a cama. Se respira un leve olor a comodidad. Pero a veces me interrumpe tu olor. Ese olor a fresco, olor a tarde de invierno, olor a suavidad, a ti. Sí, no se de donde sale, pero a veces me acuerdo de ti, y recuerdo tu aroma, y dado que los olores son los mayores evocadores de recuerdos, no paro de recordar tantísimos momentos, y escenas de esa época en la que. . . Es como un bucle, te recuerdo y te huelo, te huelo y te recuerdo. A veces no sé cómo diablos consigo salir de ése extraño trance. Por ello, asocio tu aroma a mi soledad, y cada vez que te percibo por semejante feo órgano, noto el frío de la tarde de invierno, colándose por las ventanas de mi corazón, trayendo consigo ése sentimiento: Solo, completamente solo. Mierda, estoy volviendo de nuevo al tema, propongo que pasemos a los aspectos tangibles de ésta mi escena. A los detalles que se perciben por medio del tacto.
Busque por donde busque algo que explicar sobre lo que siento en mi piel, sólo acabo encontrándome que molestias, sólo noto molestias: la molestia de mis codos clavándose en mis piernas, la molestia de mi espalda encorvada, de mis hombros cargados, de mis pies fríos (Demasiado fríos, pienso yo), mis manos entumecidas del tecleo-tecleo, picores en rodillas y cabeza, y nariz, y cintura, y... Bueno... Ya sabes. Aunque si de nuevo me concentro puedo volver a sentir dentro de mí el latido, el pulso, aburrido, cansado, monótono. En éstos momentos un escalofrío me eriza la piel, y me recuerda a aquellos masajes tan agradables que. . . Lo que yo decía, no más que molestias. Pero basta, vayamos a lo que realmente importa (Expresión un tanto irónica, por cierto). Pasaré a describir los últimos detalles de la situación, los detalles gustativos, esos que se perciben mediante el gusto, con la lengua, ése instrumento tan útil.
En mi boca se percibe un extraño sabor a sequedad provocada por continuas dosis de tabaco, mezclado con un intenso sabor a besos nunca dados, a engaño, a mentiras. Sabor a lengua no compartida, sabor a soledad, amarga, dulce, salada, qué más da ya. En mi lengua percibo el sabor de mi propia saliva, y a veces, si me concentro mucho, todavía llego incluso a sentir el sabor de tus labios, tan salados. Pensar que me comí todos esos besos, que los devoré constantemente hambriento, y que se volvieron como una droga que me incitaba a pedirte más y más hasta el punto en que. . . Mejor dejemos los recuerdos a parte, y demos por concluida esta explicación, pues son como las dos y media de la madrugada, y el espejo torcido no para de molestarme, allí, inalcanzable, arrogante, enfadado. Ya he descrito la situación desde cada uno de mis cinco sentidos, lo demás será explicado en su debido momento.
Así que aquí termina ésta crónica, que me temo que se repetirá una y otra vez a lo largo de largas semanas, porque lo sé, y porque lleva pasando ya mucho tiempo, noche tras noche.
Insomnio, ya volviste, te estaba esperando.
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Síntesis de la tristeza
"La alegría me pregunta cada día, que si casi se me olvida que no la puedo olvidar. Le digo que Tristeza es la que mejor me besa, cuando la noche comienza, y no pienso en nadie más..."
~Shinoflow
Antes de que me tiren piedras, quiero aclararles que ésta síntesis se basa en mi opinión personal sobre mí mismo, y que seguramente no será aplicable a muchos, por eso me limitaré a hablar por mí, sobre mí.
La tristeza es la musa de todo artista, la tristeza es la paz, la tristeza es la característica principal de las buenas personas. La tristeza es el don de ver la belleza, el don de valorar, el don de comprender el mundo, pues nada se aprecia tanto como cuando se es capaz de sentir tristeza por ello. La tristeza es la realización, la comprensión del sentimiento humano, la buena acción, la humanidad.
Porque en lo triste está lo bello, y lo agradable, lo sensible y lo hermoso. La tristeza es el sentimiento mas bello. Es la que inspira a los poetas, la que expande los sentimientos, la que acoge los de otros, la empatía.
¿Cuál es la reacción de un hombre al comprender la absoluta verdad? ¿Llorar? ¿O reir? En todo caso, incluso la risa sería triste, porque es triste reirse de la verdad. La tristeza es la única capaz de tocar otros corazones que no sean el propio, la tristeza nos conecta. Como ya se dijo alguna vez: "Para la inspiración de un dramaturgo la felicidad es castigo."
Las personas tristes son buenas personas con buenas intenciones, a veces egoístas, pero buenas intenciones, gracias a ellas nos comprendemos a nosotros mismos, y nos preocupamos, y lloramos, y sentimos, y sufrimos. Sólo el sufrimiento despierta a las mentes, y fuerza a aprender. Sólo la tristeza enseña, y hace que valores lo que haces.
Ahora que ya he desvariado, y he quedado a gusto después de haberme desquiciado, les pido que por favor no me traten como a un tarado, ni me tomen por ello. De seguro sólo he sacado a la luz los pensamientos más oscuros de la mayoría. He sido sincero.
He dicho.
Feliz Cumpleaños
Papá había esperado a que mis amigos se fuesen tras comer la tarta, para darme mi regalo. Ese día cumplía ocho años.
Se encendió un cigarrillo. No me gusta que papá fume, huele muy mal, y da un poco de miedo. Papá a veces me da un poco de miedo, pero sé que me quiere, y confío en él. Expulsó por su boca una nube de humo, y acto seguido me hizo subir a la mesa donde poco antes se habían reunido todos mis compañeros. No entendía el por qué, pero me divertía todo eso, pensé que cuanto más extraño fuese todo, mejor sería el regalo.
Me agaché para que me vendase los ojos con un pañuelo de cocina. Lo apretó muy fuerte, pero no dije nada, no suelo quejarme mucho, además, podía aguantarlo. Entonces me hizo levantarme, y me dijo:
-Camina.
Le hice caso. Caminé por la mesa despacio, no veía nada. Noté como mis pies pisaban un plato, y por alguna razón me dió la sensación de que algo no iba bien. Entonces la cálida mano de mi padre, agarró la mía, y me hizo dar un par de pasos más. Mi miedo crecía.
-Papá, ¿Se va a acabar la mesa?
-Al final de la mesa está tu regalo, hijo.
Mi temor no desapareció del todo, pero éso me animó a continuar caminando. Despacio, despacio, buscando el borde de la mesa, sabía que se acabaría. El borde estaba muy cerca, lo notaba, los dedos de mis pies ya notaban el borde.
-Papá, ¿Se va a acabar la mesa?
-Confía en mí...
Sabía que se acabaría la mesa, pero oí a papá hablar delante de mí. Pensé que si caía, él me cogería. Dí un pasó, y noté el vacío, seguido de un fuerte y duro golpe en mi cara. Era el suelo. Había caido al suelo. Me dolían la nariz y las rodillas, pero no lloré. Era la primera vez que no lloraba por algo así. Me incorporé, y me quité el pañuelo que me tapaba los ojos.
Mi nariz dolía muchísimo. Pasé mis dedos por ella, y la noté caliente. Al mirar de nuevo mis dedos, vi la sangre. Estaba confundido, no sabía qué estaba pasando, tenía miedo.
-¿Qué pasó, papá?
-Ése fué tu regalo de cumpleaños, hijo. Para que aprendas a no confiar ni en tu propio padre...
El día que cumplí ocho años, mi padre me enseñó una de las lecciones más valiosas de mi vida.
¿Y ahora qué?
Yo te diré qué pasará ahora. Simplemente tendré una vida distinta, no seré feliz del todo, aunque bueno, tampoco lloraré todos los días. Te convertirás en carne fresca para mis relatos durante un tiempo, hasta que considere que ya es suficiente, y deje de autoflagelarme de ese modo. Pensaré en dejar de escribir, dejar de tocar la guitarra, dejar de releer los diarios, dejar de escuchar música, dejar de estudiar. Pensaré en beber y fumar como un maldito loco, en vomitar todas las noches, como lo hice la noche en que me dejaste. Pensaré en que nunca lograré desatar el nudo de mi estómago, y pensaré que mi apetito no volverá nunca más.
Cuando todo eso pase, y lleve una temporada despertándome completamente solo, sin acordarme de ti cada vez, volveré a comer, a estudiar, a tocar la guitarra. Empezaré a recordarte como algo muy lejano, algo que estuvo genial, algo que repetiría sin dudarlo, pero al fin y al cabo algo pasado. Entenderé poco a poco que era imposible que saliese bien, entenderé que nunca me quisiste del todo, y que en el fondo, muy en el fondo, entre toda la mierda, terminar lo antes posible fue lo mejor. Entonces mis labios se secarán, e inevitablemente te empezaré a echar la culpa de todo, te criticaré, te insultaré por la espalda, llegaré a plantearme si alguna vez te quise, y puede que llegue a pensar que te odio.
Pero el tiempo seguirá pasando, y cuando ya deje de verte, y me conforme tan solo con fotografías y recuerdos, entenderé lo estúpido que fui, que ninguno de los dos teníamos mala intención, que simplemente fuiste sincera, y que sí, lo reconozco, de verdad te quise, quizá más de lo que hubiese debido.
Lo peor de todo, es que tras esa ultima etapa, el recuerdo se convertirá en una anécdota de un simple rollo de dos meses, que no salió bien. Llegado a este punto, probablemente, te olvidaré.
Éso es lo que pasará, a partir de ahora.
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Los miedos no duermen sólos
Últimamente tengo sueños en los que te pierdo, irremediablemente, porque por alguna razón desconocida para mí, has dejado de quererme (Y con "desconocida" me refiero también a "no asimilada"). Todo ese temor ha salido a mi mundo consciente, como un volcán en erupción, y ahora incluso lo siento, como una constante preocupación, que acelera mi angustia, y merma mi felicidad.
Ya te lo dije hace unos días: Me encuentro extrañamente preocupado, como esa sensación de haber olvidado coger algo, decir algo, hacer algo, haber perdido algo... Y ahora sé qué es lo que me preocupa: Perderte.
Lo temo. Temo que un día se me acaben tus besos, que sea un segundo escalón en tu sistema de preferencias. Temo ya no poder dormir más contigo, temo temer besarte, temo tu aburrimiento. Temo que te canses de mi insistencia, y que ya no me quieras a tu lado...
Por eso ésta preocupación, éste miedo. Por este escrito mi miedo a cambiar por escribir. Porque ya me absorbe ésta sensación lo suficiente, lo suficiente, para morir :)
Y no sólo eso es lo que temo. ¿Acaso creías que bastaba? Mis preocupaciones se extienden hasta más allá de los horizontes que jamas puedas ver desde tu punto de vista.
No sólo temo perderte, temo también que los hongos que crecen en el techo de mi cuarto terminen por devorarme vivo, o provocarme algún tipo de cáncer de piel, de lengua, o de sobaco, qué se yo. Temo too que mi lámpara de lava reviente de tenerla tanto tiempo encendida, y temo aussi que me odies por mis vicios, y por mis paranoias. Temo incluso que fermente mi bote de Listerine, de no hacerle caso ya, por no haber bocas a las que agradar con mi aliento. Temo y temo, y mis temores crecen, y también temo eso. Temo más que nada, no ser yo, y que nadie sea capaz de apreciar ese cambio, temo estar solo cuando eso pase, pero casi más temo que mi música vaya desapareciendo poco a poco en el olvido, y llegue el día en que ya no me guste lo que escucho, ni lo que escribo.
Temo, y mucho. Es de temer lo que temo.
Tres palabras
-Hola... -Me susurró con esfuerzo, tumbada en esa camilla de hospital, en la que llevaba ya más de una semana, enchufada a un montón de ruidosos aparatos que aun la mantenían viva. Esa fue la primera palabra.
Ya nada podía hacerse, mis peleas con los médicos no habían servido para nada más que para jugarme el darle o no mi ultimo beso, me dijeron que la despertarían, para que pudiese despedirme de ella. Al principio dudé, no quería ser su verdugo, no aquél que le dijese adiós, porque no quería decirle adiós. Pero ya ni mi mente ni mi corazón saben lo que quieren, y poco después acepté esa ultima oferta, eso sobre lo que ahora estoy escribiendo.
Recuerdo que sonreía, lo recuerdo muy bien, siempre sonríe cuando se despierta a mi lado. Aún estando impedida, reunió fuerzas para dedicarme esa sonrisa, con la que pretendía decirme: "Todo va de maravilla...", como cada mañana. Recuerdo que sonreía, y me miraba, con la mirada de aquel que reconoce y acepta su destino, con la mirada de una mujer que sabe, que esa va a ser la última mirada, la que se choca con los ojos de aquel a quien ama.
Recuerdo que no pude evitar llorar. Ni haciendo acopio de mis más desconocidas y primitivas fuerzas conseguí frenar ese torrente de lágrimas en las que se me iba la fuerza, en las que se me iba el alma. Recuerdo que pensé: "No desperdicies éste momento llorando", y recuerdo que eso me hundió aún más en la tristeza. Recuerdo que recordé, que no iba a poder mantenerse consciente durante mucho tiempo, que debía decirle algo antes de que volviese a caer en coma.
Recuerdo... que quise hacer de ése momento, el momento más bonito, quería regalarle un último sentimiento, algo precioso, algo significativo. Debía decirle algo increíble, algo que jamás haya logrado decir ni el más inspirado de los poetas, algo único, que no fuese capaz de decirle a nadie más en el mundo. Recuerdo que no encontré esas palabras, y que en un último momento de lucidez, pude susurrarle, con una sinceridad de la que nunca antes había sido consciente, la segunda y la tercera palabra, que noté desgastadas de tanto usar.
-Te quiero...
Y sin pensar, o mejor dicho, sin querer pensar, la besé, y tomé esa misma carrerilla para apagar todos y cada uno de esos ruidosos aparatos. Por fín oí el silencio, sólamente roto por el sonido de las lágrimas aplastándose contra los baldosines blancos.
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Reflexión en Do mayor
Me encontraba sentado junto a mi chica en un sofá, cuando sin saber por qué ni cómo, comenzamos a hablar sobre las notas musicales. Ésto me impactó bastante, nunca había tenido una conversación similar, y nunca antes una conversación había sido tan interesante. Sólo una única pregunta inició ésta reflexión: ¿Qué son para ti las notas musicales?
Do. Do es un camión enorme que toca el claxon. Do es un golpe, Do es sangre. Do es rojo, o granate. Do es una gota de brea colosal, que cae sobre una ciudad entera. Do es rotundo, no perdona, no admite dudas ni preguntas. Do no necesita aclaración, ni nadie que diga "ésto es Do". Do es como un hombre musculoso, que siempre está enfadado, tan orgulloso y serio como él solo.
Re. Re es un árbol gigantesco. Re es viejo, es la voz de la experiencia, es un anciano que aconseja, con sus gafas, su bigote, su bastón, sus canas. Re es naranja, en cambio Re menor es marrón. Re es madera, es inevitable, es necesario, es sabio. Re siempre da segundas y terceras oportunidades, sabe que puedes equivocarte, y aún así te ayuda a continuar. Re sonríe siempre.
Mi. Mi da asco. Mi es de color moho, pero Mi menor es verde intenso. Mi es como las preposiciones en el lenguaje, hay que usarlo sí o sí. Mi siempre se interpone, nunca deja en paz, persigue. Mi es como un pequeño cubilete de seis caras de color amarillo, que está tirado por la habitación, y que siempre que estas descalzo lo pisas, haciéndote daño. No lo recojas, pues siempre estará en el suelo, y siempre lo pisarás sin darte cuenta. Mi es un cubilete amarillo que siempre toca los cojones.
Fa. Fa es de color turquesa. Fa es mi nota favoria, es esperanza, es como decir: Continúa, continúa, continúa... Fa sonríe con benevolencia mientras intentas resolver un puzzle. Fa se ríe continuamente. Es una anciana, parecida a Re, pero más jovial, más feliz, más divertida. A Fa no le importa que te caigas, ella se ríe. A Fa le encanta el mar, y siempre se sienta sonriente en la orilla de una playa, esperando que los jóvenes vengan a pedirle caramelos, o chucherías. Fa es tan buena...
Sol. Sol es un chulo de mierda. Sol es amarillo, y siempre usa gafas oscuras. Va siempre vestido con ropa de deporte de lo más llamativa, y porta numerosos colgantes y abalorios de oro. A Sol se la suda todo, no necesita a nadie, sólo ama el dinero. Sol es un niñato al que no le preocupa nada más que su propio bienestar. A Sol se le puede ver todos los días por todas las calles, siempre moviendo la cabeza hacia delante y hacia detrás, con sus amigotes, sentado en los bancos de las avenidas más grandes de la ciudad.
La. La es una dama delicada, de voz suave y aterciopelada. La es rosa, aunque La menor es más bien violeta. La siempre está sentada sobre un bloque de color blanco, mirando con tristeza una foto borrosa. La habla de tiempos pasados. La está siempre triste, y sólo hace que recordar. Ella sonríe por pura compasión, mientras sus propias lagrimas emborronan cada vez más esa foto que sostiene. La siempre está cabizbaja, desnuda, tan bella y tan frágil, que sólo el imaginar un ruido a su lado la rompería en pedazos.
Si. Si es negro. Es una presencia en un rincón de la habitación, que apenas se percibe, pero que está ahí. Si siempre se esconde, está en todas partes allá donde mires. Si te observa desde un rincón. Si Mí era un cubilete de seis caras amarillo, Si es un cubilete de seis caras negro, que mires donde mires está ahí asomando, entre los libros, entre las sábanas, detrás del grifo, detrás de la lamparita de noche, entre los vasos, entre tus perfumes, entre la ropa amontonada en el suelo, mires donde mires, Si está ahí, y nunca te atreves a tocarlo, ni él a tocarte a ti.
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