"Soy un vampiro, y tras años y años de experiencia aprendí a soportar la luz del sol, los ajos, y las estacas en el corazón."

~Jack Red

29 septiembre 2010

Rutina de encuentros fortuitos

Olvida sus compañías cada vez que sus ojos nos anudan las miradas,
por un segundo sea,
por dos,
por los que hagan falta,
noto que tira de mí como nunca fuí capaz de tirar de nadie,
y caigo en la hipnosis de sus retinas, como si de repente el mundo callase.

Sonrisa reina de los hoyuelos, donde esconde pequeños restos de su tristeza,
esa que posee ella, como poseemos todos,
esa que no es sino zumo de corazón y lágrimas que no llegaron al asfalto,
y en su mejilla la marca de un punto de mira de mil besos dados,
todos los que le daría son pocos,
todos los que tengo escasos,
y los que me faltan, demasiados.

Y de nuevo me mira, y la miro,
nos miramos,
y sé que por dentro, en el fondo, explota algo,
fuegos de artificio quizá dudas, quizá deseos, quizá amagos,
girar la cabeza es entonces esfuerzo de marineros,
olvidar ese gancho es esfuerzo de colosos,
y no volver a posar mis ojos en ella
es simplemente,
como intentar no pensar en un elefante blanco.

Yo mantengo en secreto los pocos pasos que nos separan,
porque se que no seré capaz de recorrerlos,
y si desde el otro lado de la mesa me dedica un guiño,
yo, por dentro,
imaginaré que la beso.

28 septiembre 2010

Little two nights ago loathing

Asco es una palabra que inevitablemente cruza cual relámpago en noche tormentosa la mente de aquel que imagina unos labios que no son los que en ese momento besa. Asco, qué poderoso suena en la boca, y cuán amarga sabe su traición, que no es sino como el peor trago de cerveza que más allá de provocar el vómito, genera un posterior cabreo y rechazo, asco, que pulula por cada estría y papila de esa lengua ignorante de todos los juicios a los que en ese momento es sometida, e invita a profundizar en una garganta sedienta de saliva ajena, da igual de quién sea, lujuria, insaciable asco.

Surge la chispa que pone en marcha el resorte del retroceso, y esa chica pregunta "¿Qué pasa?", y uno responde "Nada", y continúa la faena para simplemente no defraudar, pero una vez, y ya no más, que es un beso de mentira, que es de broma. que ni siquiera excita, ni causa la más mínima aceleración del pulso. Aparta, vete, olvida esto, pero nunca dejes que vean todo ese asco saliendo por cada poro, cual sudor invisible, inoloro, insípido, pero presente, doloroso, pegajoso, repugnante. No causa más gana que la de una cama vacía sobre la que echar a dormir los fantasmas, sin nadie, estar sólo nomás.

Y no es uno, sino el asco el que abandona a esa chica apenas mujer que exhibe un bonito corte de mangas mientras su imagen se aleja y se pierde entre las inquietas cabezas de los transeúntes que habitan el bar. Que le jodan, piensa el asco, y no recordará su rostro a la mañana siguiente, porque más bien querrá olvidarlo.

Al despertar, todo lo que uno piensa puede resumirse en un "Y encima sabía a tabaco", o bien en un "Joder, qué asco."

25 septiembre 2010

Sueño de las 5:30

Como una hilera de dientes esperando ser vista, me muestro ante ella con la tensión y la vergüenza de quien sabe que tiró la piedra,
quien sabe que rompió la ventana, y aún así,
da un paso al frente, y con la cabeza baja, desenrolla un par de disculpas sinceras, y le dedica un beso en la mejilla,
inocente, tierno, a sabiendas de todas las tímidas paredes hechas de piedra y argamasa,
aún así transparentes,
y un diente de león nacido entre tequieros va, y simplemente, las sobrepasa,
que no las rompe,
porque romper siempre fue cruel y ella es de esas que guardan sus lágrimas en un bote, porque saben que algún día de verdad le harán falta,
porque tras esa cara de niña, mente de piedra, hay de cristal un alma que nunca fue amiga de los golpes,
y yo, si pudiese,
sería casco y rodilleras,
cuando tuviese que lanzarse cuesta abajo, o se cayese,
cuando dejase de tenerle miedo a las alturas,
y a las laderas,
y a compartir un silencio,
y a regalarnos una mirada,
a negarnos un rechazo,
a pedirnos una mano,
a tomarnos una vida,
a robarnos un beso,
a tirarnos,
a bebernos,
y entre carcajadas como lluvias y palabras como barrotes me dijese:
pase lo que pase, Diego, pase lo que pase,
aunque el camino aún sea largo,
aunque nos separe el tiempo.
siempre podrás encontrarme,
encontrarnos,
en la mochila de tus recuerdos.

22 septiembre 2010

Desierto apenas garganta

Los poemas que dibujaste en mi espalda no saben por qué,
y sin embargo,
y sin querer,
echan de menos el vuelo de falda, batir de alas de tus pestañas,
así que las lágrimas caen como si no existiese otra lluvia,
como gritándole al suelo que se atreva a subir a por ellas,
allá donde las nubes naufragan, donde los vientos susurran
suspiran baladas heladas de cuerdas rotas de otras guitarras,
cospiran traiciones en contra de cientos de miles de rabias en caras.

Los poemas que dibujaste en mi espalda no saben por qué,
pero se callan,
pero se borran,
y arañan mi piel con todas las ganas de marcarse de nuevo,
forjando cicatrices que sólamente se puedan ver desde dentro,
desaparecen cada vez que me lavo la cara, cada vez que bebo,
y golpean con fuerza cada vez que recuerdo, cada vez que miento,
pidiendo auxilios con la fuerza de una pasión hecha de fuego,
siempre en silencio,
como un baile sin música, como leer sentimientos en bruto, como sin tiempo,
como si ni por el más efímero de los asomos fuese cierto,
se tapan la boca, gritando hacia dentro,
se deshacen en llantos,
lo sé, lo veo,
me lo demuestro en cada letra,
en cada texto,
y es verdad,
voy cayendo,
y puede que mis últimas palabras,
sin tener en cuenta lo que me haga decir el tiempo después de eso,
sean sin más,
y sin menos:

Espero volver a vernos.

Los poemas que dibujaste en mi espalda, no saben por qué,
pero lloran,
mientras bajan los grados,
y sube el invierno.