"Soy un vampiro, y tras años y años de experiencia aprendí a soportar la luz del sol, los ajos, y las estacas en el corazón."

~Jack Red

24 diciembre 2012

Cuenta atrás sin principio

En realidad prefiero imaginar que son fuegos artificiales y no pistolas, esos ruidos que oigo afuera,
dentro me conformo con el silencio,
peores guerras habremos librado, pienso,
mientras palpo éste cuello que pareciera caminar abrazo por su invisible soga hacia el borde del acantilado.

Voy a sentarme al borde a ver oír un viento que no me traiga los lamentos de siempre,
a odiar un poco el cuerpo, a compadecerme, a rendirme por un momento, a sentir pena,
antes de armarme de nuevo contra la angustia
con mi antifaz derretido y mi media sonrisa de cera.


23 diciembre 2012

Lava Lamp & Music #7 (Doing the wrong thing)

El universo ondea éste mundo como si de bandera blanca se tratase, motivado por lo hediondo de los ojos de dolor de la gente,
que se contraen en un amargo gesto de pasión y miran a sus hijos con sus cansadas miradas de padres,
ofreciendo la redención que de sobra se han ganado mas nunca tuvieron,
tosiendo el humo del mismísimo infierno mientras duermen,
y una nueva cana marca cada día como el último.

No somos más que eso,
piedra,
y cemento.

Pero después de todo, vuelvo,
una vez más,
a escalar este monte ya olvidado, para recordar,
recordar lo insoportablemente humana que es nuestra fragilidad,
tan leves
que ser es ser poco, en definitiva,
o mucho para algunos,
nada para el resto.

Al final, creo, marchamos a Alaska a lo Supertramp, a morir por dentro,
y suena lejos, pero el ocaso es cada día, y ya dejamos atrás los amaneceres,
quién sabe cuántos deseos se lanzan al aire cada noche, en cada suspiro,
apenas alcanzo a contar los míos,
a pesar de que cada día los repito cual oraciones, aneladas y silentes,
-Algún día -Me miento...

Algún dia...



05 noviembre 2012

Old man eyes I (Comer Comas VII)

Quizá pude haber muerto en esa carretera de vuelta a ninguna parte y ni siquiera una música azul casi pop me acompañó alla donde bellezas de invierno arden en pasión y ni siquiera se tienen en cuenta sus quehaceres allá quiero ir yo guiado por mi mapa de arrugas y canas por un único sentimiento de fé en lo propio y que le jodan a peinarse bien a la telebasura a los piratas blancos y al duro asfalto que no hace más que molerme los pies el asfalto negro negro como la pregunta que algún día haré no busco la compasión de este juego de azar tampoco morir solo sin una mano ajena sobre la frente compañía de aliento cálido lagrima ausente en la comisura de sus labios un par de gotas de ron en mi herida incurable sin miserias sin fraudes afeitarme con manos de niño esta barba de hombre que una mujer mi mujer diga más sin palabras que todos los poemas del mundo encadenados a la voz más dulce si surge suspiraré deseos cuando monedas no basten y cantaré tristezas si mi estrella decide no mirarme me enamoraré cuando no quede otra y caeré rendido a los pies de la parca el día que pierda la fe que me falta que busco que no encuentro siquiera en la cima de los desperfectos quizá de verdad pude haber muerto hace tiempo cuando verde se mustió lejos y naranja dio paso a un gris que ni eso y azul se esfumó dejando ajados mis recuerdos decidí apostar el corazón a las lágrimas tiré mi vida por un all-in y me vieron las cartas suena como si la mala suerte fuese mi única amante y se equivocan también están la verdad la nostalgia la farsa la inocencia la magia la discreción la bondad la hipocondría la belleza pero aun más la certeza de que algún día anterior fue mejor y quizá no me equivoco pero ojalá sí y todo esto no sea más que un montaje un desalojo de fantasmas de la cárcel de piel de mi alma los barrotes siempre fueron más fuertes y torpes oídos de niños nunca escucharán sabias palabras de anciano la verdad es que noto el implacable y lento paso y peso de los años espero que alguien levante cerca la mano y pueda qué menos chocarla y darle el relevo...

29 septiembre 2012

Crónica de Decadentia nº 9: Pobreza

Un hombrecillo de cierto barrio de la ciudad, un día se separó de su familia, fuente económica y afectiva de primer orden. Como no era gran negociador, y en Decadentia la suerte se ha olvidado de sonreir, pronto se vio sumido en la mendicidad, perdido, con la tenue pero aun vigente esperanza de algún día volver con sus seres queridos.

Hoy de nuevo termina el día, y con gran sorpresa advierte que ha conseguido ahorrar lo suficiente para llamar a su familia desde una cabina. Ahogado en euforia, el tipo corrió hacia la más cercana, y se apresuró a meter por la ranurita la ingente cantidad de pequeñas monedas de centavo, no sin errar en algún momento en que su pulso fallaba y la moneda iba a parar al suelo haciendo un frágil e intrascendente sonidito.

[No pasa nada, recógela.]

Por fin hubo insertado todas, e intentó marcar el número de su casa, y digo intentó, porque por desgracia su memoría le dio la espalda, y por más que se esforzaba, no conseguía recordarlo. No, imposible, no se acordaba. El pobre se tiñó de un leve gris, extrajo de la cabina las monedas, y se fue.

Al día siguiente, con ese mismo dinero, se compró un bocadillo.